En el 2005 Dream Theater nos dejaban su octavo álbum, que pese a no ser considerada su mejor obra, es sin embargo uno de sus trabajos más concisos y accesibles, al mismo tiempo que altamente progresivo y sinfónico. Bajo esa sofisticada portada, en esta entrega el quinteto cumple con la máxima de sus fans y regresan a sus orígenes estilísticos, mostrando una faceta más equilibrada con sus influencias de metal, pero sin perder un ápice su enorme virtuosismo. La música también tiene muchos elementos accesibles; empezando por James Labrie interpretando melodías más pegadizas, mientras que la guitarra de John Petrucci y los teclados de Jordan Rudess se vuelven más sutiles. Es sin duda la epopeya de 24 minutos que da titulo al álbum, el momento álgido, repleta de pasajes pinkflodianos, ambientes oscuros y misteriosos y una sensación épica y grandilocuente. Otros cortes como la ambiental y melódica "The Answer Lies Within", la emotiva "Sacrificed Sons", la potente "Never Enough" o la accesible "I Walk Beside You", conforman un álbum ciertamente arriesgado, pero al mismo tiempo, es altamente disfrutable debido a su impecable musicalidad.
