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martes, 21 de agosto de 2018

Vangelis-Dream in an Open Place (1995)

Los aficionados a la música de Vangelis suelen decir que Voices que es un trabajo "menor" dentro de su discográfica, y esto es debido, se me ocurre, a dos razones más o menos evidentes: la presencia de una pieza inicial tan poderosa que llega al paroxismo, que fue elegida -quizá con mal criterio- como primer single; y unas diferencias tan enormes en cuanto al tono y planteamiento de las distintas partes del disco que el conjunto, pese a contener momentos apabullante s, no fluye del todo bien como un todo unitario. Tampoco queda muy claro y del todo bien explorado el concepto aquel de la voz humana (o por lo menos para mi). En cualquier caso, sí que podemos calificar Voices como un disco a reivindicar y tan aconsejable como recomendable.

Hay un punto más a analizar en el que siempre insisto mucho cuando hablo de Vangelis, en especial del Vangelis más reciente. Hablamos de un músico que no tiene una especial motivación para publicar su obra pero que, sin embargo, compone y graba música constantemente. Teniendo esto en cuenta, y una vez que decide publicar un disco ¿qué enfoque escoge? ¿publica lo mejor de lo que ha grabado recientemente o compone una serie de piezas expresamente para el trabajo? Y si la respuesta es la segunda opción ¿qué criterio sigue? ¿busca el favor del público? ¿utiliza aquellos recursos que mejores réditos le han dado anteriormente?. En “Voices” tal vez hay algo de esto último.
Mi impresión acerca de “Voices” no fue demasiado buena en su momento (trabajaba en Moebius cuando fue publicado y la estuve escuchando semanas y hoy, dos décadas después, sigue siendo parecida....o no, también aquí cuenta mi estado de ánimo, a mas sensibilidad emocional mi criterio cambia al respecto.

“Dream in an Open Place”, es el último corte del album Es una tranquila melodía de corte ambiental que en algún momento quiere parecerse a los pasajes cósmicos de “Heaven and Hell” que acompañaron las imágenes de la serie “Cosmos” de Carl Sagan pero cualquier comparación con aquella obra maestra hace un flaco favor a esta maravillosa pieza.

(dedicado a Arabia)

martes, 22 de mayo de 2018

Genesis-Seconds Out (1977)

La marcha de Peter Gabriel de Genesis había significado un revés, al mismo tiempo que un enorme desafío para una banda que se quedaba sin su líder indiscutible
El resultado a corto plazo se saldará con la publicación de dos albumes memorables, A trick of the tail y Wind & Wuthering, en los cuales Phil Collins tomaba el rol de nuevo frontman de la banda y la consecuente  incorporación para los shows de un bateria que permitiera al propio Collins ocuparse de la voz principal. 
El primer elegido para tal cometido fue en principio Bill Bruford, ex-integrante de las legendarias banda Yes y King Crimson, sin embargo su trayectoria resultó efímera, siendo sustituido por el ex-Frank Zappa, Chester Thompson, bateria que permanecerá hasta el final de la banda hasta bien entrado el siglo 21.
A principios de 1977 el grupo decide publicar un doble en directo al que llamaría Seconds Out, en referencia a la célebre frase utilizada en boxeo para indicar que la pela va a comenzar y el boxeador quedará solo en el ring sin ningún soporte extra.
El disco en formato de doble LP fue grabado casi íntegramente en los shows realizados en París entre el 11 y el 14 junio de 1977. Para entonces las presentaciones del grupo habían crecido multitudinariamente apoyadas en grandes performances individuales y unos conciertos con una espectacular puesta en escena inédita que acentuaba el siempre latente dramatismo de su música. El logro magnífico de este documento sonoro es que muchas de las grabaciones sonaban superiores a sus originales de estudio. 
Basta escuchar Robbery, assault and battery, por ejemplo o el trascendental instrumental Los Endos, que se transformaría en un clásico perenne de sus presentaciones en vivo. Las gemas del disco, ejecutadas magistralmente, eran dos clásicos temas del album Selling England by the pound:  con las insuperables Firth of fith (con Tony Banks y Steve Hackett en estado de gracia) y Cinema show, única grabación del disco en donde aparece Bill Bruford en la batería. Quizás de las las mejores grabaciones de rock progresivo jamás escuchadas.
A medida que transcurre la lista de canciones que conforman este soberbio doble album nos vamos encontrando con verdaderas joyas como la potente y lacrimosa Squonk, la emblemática y eterna The Carpet Crawl, la también emblemática The lamb lies down on Broadway, empalmada con la sección final de una joya del rock teatral que Genesis encarnaba magistralmente, como es la dramática The musical box
Y así el grupo se anima a reservar una de las cuatro caras de los discos para incluir completa la fantástica mini ópera Supper´s ready, con mas de 20 minutos de duración, en donde se condensan todas las virtudes interpretativas y de composición de una grupo clave de la música progresiva inglesa y que con los años, se transformaría en un icono sagrado del rock sinfónico. 
Seconds Out  es y será un clásico eterno de la música popular del siglo XX y una de las más grandes grabaciones en vivo de todos los tiempos.


miércoles, 25 de enero de 2017

Grandes Bandas años 80: Tears for Fears

Casi a mediados de los setenta se empezaría a gestar lo que mas tarde se convirtiera en una de las mas formidables bandas surgidas en Gran Bretaña durante la década de los 80.
Tears For Fears se formó con Roland Orzabal y Curt Smith, quienes se conocieron en Bath Inglaterra, cuando ambos tenían apenas 13 años de edad, durante los siguientes años su amistad creció y al igual que su desarrollo musical, mientras participaban juntos en varias bandas juveniles.
Mas tarde Roland y Curt se unieron a la banda “Neon” y posteriormente formaron parte de la banda “Graduate” en 1979. Un amigo en común, David Lord los puso en contacto con los sintetizadores y les presentó al teclista Ian Stanley. A los 19 años Orzabal y Smith se unieron a Stanley y al batería Manny Elias para conformar así  una banda a la que denominaron “Tears For Fears”, nombre que extrajeron del tratamiento psicoterapéutico de Arthur Janov llamado “primal therapy” en el que el paciente es motivado a gritar, llorar y golpear objetos con el fin de expresar sentimientos reprimidos y miedos fijados desde la infancia e incluso desde etapas prenatales (de aquí los títulos de algunas de sus posteriores canciones como “Shout”).
Curiosamente la tematica de las teorías de Janov fue evidente en el primer álbum de la banda, “The Hurting” (1983) grabado, después de lograr un contrato con Polygram en 1982. El álbum resultó ser una atractiva mezcla de Pop basado en música de sintetizadores que se convirtió en un enorme éxito en Inglaterra.
De esta forma entraron a lo grande en la escena musical del pop-rock, con un repertorio de temas de carácter introspectivo, con toques electrónicos. En este se incluyen temas como “Mad World”, “Pale Shelter” y “Change” que lograron colocarse a la cabeza de las listas de popularidad en las listas de Gran Bretaña.
Varios años después llegaría su segundo álbum, “Songs From The Big Chair” (1985), un trabajo que se inspiraría en la serie norteamericana “Cybill” y en él, se libraron de la etiqueta new wave; desarrollando un sonido más acústico, progresivo y sofisticado mediante la participación activa de los integrantes tocando instrumentos y fijándose menos en elementos electrónicos, lo que se convirtió en la marca distintiva de la banda y que les confirió el éxito a ambos lados del Atlántico.
Con “Songs From The The Big Chair” dieron el salto a la fama en la escena mundial. Se convirtió en un éxito rotundo en las radios de todo el mundo; gracias en parte a temas como “Everybody Wants To Rule The World”, “Shout” y “Head Over Heals”.
A partir de aquí y debido a su aplastante éxito, banda dedica largos períodos de tiempo a la promoción de su nuevo disco y a infinidad de conciertos alrededor del mundo.
Pasaron cuatro años hasta que aparece su nuevo y tercer trabajo titulado“The Seeds Of Love” (1989), que inmediatamente entró al numero uno en numerosos países gracias a temas como el homónimo “The Seeds of Love” una explosión de Pop melódico sofisticado, con un sonido inconfundiblemente “beatle”.
El disco fue triple platino en Inglaterra y quíntuple platino en Estados Unidos durante 1985. Lamentablemente, el éxito de “The Seeds Of Love” no marcó el inicio de una nueva etapa de crecimiento, sino el principio del fin.
Poco después de la grabación de este ultimo trabajo la banda empieza a tener roces a nivel personal y profesional. Finalmente la banda tuvo una separación un tanto cáustica. apenas habían estado en el candelero de la música Pop rock una década; indudablemente, habían cambiado y ya no tenían tantas cosas en común como cuando se conocieron a los años atrás.
La ruptura se atribuyó a los intentos frustrados de Orzabal por convertirse en productor y el desagrado de Smith por el ambiente del mundo Pop de la época.
La presión, el cansancio y las fricciones provocadas por los largos meses de trabajo pasaron su factura y después de una presentación en Knebworth, Inglaterra en Junio de 1990, se separaron oficialmente.
Sin embargo Orzabal continuó con el proyecto Tears for Fears unilateral mente, aunque con una orientación más sofisticada y pretenciosa y dirigida a una audiencia más selecta. Publicaría varios álbumes en los años siguientes junto a Alan Griffiths; trabajos como “Elemental” (1993), “Raoul And The Kings Of Spain” (1995), y “Saturnine, Martial and Lunatic” (1996) además de hacer giras por medio mundo para promocionarlos.
No obstante las cosas no iban viento en popa porque el devenir  de estos álbumes siempre fue lastrado por la época dorada anterior, además que la ausencia de Smith era una losa demasiada pesada para el grupo.
Orzabal optó entonces por un “semi retiro”. Regresó con su familia en Bath para pasar más tiempo con sus hijos y se dedicó a trabajar en casa, experimentando con música basada en tecnología.
En 1999 co-produjo un álbum para la solista Islandesa Emiliana Torrini, y fue hasta dos años después, que finalmente decidió lanzar su primer álbum como solista; “Tomcats Screaming Outside”, que para su mala suerte se estrenó Estados Unidos el fatídico 11 de septiembre del 2001.
Mientras tanto, Curt Smith seguía con su nueva vida al otro lado del Atlántico. Publicaría un álbum como solista para cumplir con su contrato con Mercury que no fue completamente satisfactorio para él ni para la discográfica. Fue presentador de varios programas en MTV y más tarde encontró un músico con quien hizo química; el guitarrista y autor Charlton Pettus, y con él inició la banda Mayfield.
Pettus y Smith dieron conciertos con su nueva banda Mayfield en prestigiosos clubes de Nueva York como "Brownie's", "the Mercury Lounge", y "CBGB", fue en este momento que se reencontró con su amor por la música y se dedicó a ella en otro contexto, porque le gustaba lo que hacía y no necesariamente por estar en el negocio.
Sin embargo, a raíz del vertiginoso despliegue de fusiones y adquisiciones entre compañías discográficas a finales de los 90, el catálogo musical de Tears For Fears apareció en uno de los escritorios de Universal Records. Los esfuerzos musicales individuales de Orzabal y Smith no tenían tanto atractivo como el éxito que habían alcanzado como dúo; evidentemente, no solo por nostalgia, sino por intereses comerciales.
Finalmente pasó lo inevitable, Curt y Roland tuvieron una reunión que resultó ser muy fructífera y después de varias muchas reuniones, Tears For Fears estuvo al completo casi diez años después.
Unidos nuevamente, produjeron el álbum “Everybody Loves A Happy Ending” que reflejaba el innegable feeling que un reencuentro refuerza tan sólidamente.
“Everybody Loves A Happy Ending” está cargado de melodías memorables; el más reciente trabajo de Roland y Curt es un muy fiel reflejo de la música de los Beatles. Según los integrantes de Tears For Fears, su mayor influencia en el desarrollo de este álbum, fue Paul McCartney, al igual que John Lennon lo fue en su álbum de 1989 “The Seeds Of Love”.
Fresco, colorido y espléndidamente contemporáneo, “Everybody Loves A Happy Ending” lleva el legado de Tears For Fears hacia el siglo 21 y continúa con la labor de una de las colaboraciones musicales más productivas de la música Pop Rock
Desde esa época la banda no ha parado de girar alrededor del mundo con múltiples conciertos, grabando nuevo material y reeditando los memorables álbumes de los ochenta aprovechando los 20 años de aniversario de esos trabajos.

miércoles, 10 de febrero de 2016

El final de una era (Diego A. Manrique)

Hoy me voy a hacer eco aquí de una estupenda reflexión a modo de editorial del gran periodista musical Diego A. Manrique, para el periódico digital El Pais, el pasado 1 de febrero: 

"Un mes después, todavía intentamos buscar sentido a lo ocurrido tras la muerte de David Bowie. Entender la conmoción general, la intensidad de la respuesta, la universalidad del impacto que causó la noticia.
Podríamos recurrir a la confluencia de vectores. Para más de una generación, Bowie encarnó la liberación sexual. Tuvo su respetable carrera cinematográfica; la gran pantalla literalmente amplificó su belleza y su misterio. Fue una celebrity, casado incluso con una modelo, como mandan los tópicos. Sobre todo, ejerció de estrella del pop (y más aún, del rock).
Las estrellas cumplen funciones simbólicas, incluso en su desaparición. Bowie esquivó esa trampa moralista por lo repentino de su defunción, por el sigilo de sus últimos años; en todo caso, ofreció un modelo de bien morir. Nos hemos habituado a convivir con el deterioro de figuras queridas. Nadie podía sorprenderse con el fallecimiento de B. B. King, con 89 años, tras arrastrar su deterioro por los escenarios del mundo entero. Lo de Michael Jackson, 50 años, pudo ser sorpresivo pero llevaba dos décadas exhibiendo una decadencia espiritual y financiera; su partida nos evitó mayores decepciones. Felizmente, Elvis Presley se marchó en 1977, sin conocer la era en que los semidioses viven bajo el microscopio y son juzgados cada minuto.
El óbito de Bowie, con 69 años, avisa del próximo eclipse de los protagonistas de la Década Prodigiosa. Más pronto que tarde, se irán Dylan y Joan Baez, McCartney y Ringo, Jagger y Richards, Jimmy Page y Robert Plant, Pete Townshend y Roger Daltrey, Eric Clapton y Jeff Beck.
No quisiera adelantarme, claro. Todavía coexistimos con prodigios de longevidad: se mantienen algunos de sus padres putativos (Chuck Berry, Jerry Lee Lewis, Fats Domino, Little Richard). Aunque estos pioneros no derivan su carisma de la identificación con las virtudes y los excesos de la juventud insurgente; ellos no pretendían hacer la Revolución.
Los cabecillas de la Generación Rock sí articularon, aunque fuera fugazmente, la urgencia de una revolución metafórica, una transformación social, una renovación de los estilos de vida. Y se lograron bastantes de sus objetivos, gracias al arrojo de muchos de sus seguidores, embriagados por las certezas de la edad.
Desde hace tiempo, los medios juegan a entronizar como las actuales Estrellas del Rock a practicantes de otros oficios. Por lo que ahora recuerdo, así han sido considerados los diseñadores, los humoristas, los emprendedores digitales, los futbolistas, los DJs y, en tiempos recientes, hasta algunos políticos.
Pero hemos necesitado el deceso de Bowie para comprender que se están extinguiendo las auténticas estrellas del rock. Atención: eso nada tiene que ver con la calidad de la música del presente. Tampoco se refiere a esas parodias de rock stars, pura pose, que ahora llenan festivales.
No. Están sucumbiendo las estrellas que tuvieron resonancia global, que retrataron un tiempo turbulento con sus canciones, que estuvieron al frente de un ejército invisible. Y los antiguos reclutas, los miembros de esa tropa, saben que las campanas de hoy también suenan por ellos".

Fuente: http://elpais.com/

lunes, 21 de diciembre de 2015

Creedence Clearwater Revival-Cosmos Factory

En 1970 The Beatles ya habían desaparecido prácticamente, por lo que la Creedence Clearwater Revival se encaramaba hacia el primer puesto como la banda mas grande del planeta de ese momento.
Y justo ese año la banda liderada por John Fogerty publicaba su obra maestra, Cosmos Factory que seria el quinto álbum de la banda.
Un trabajo de una gloriosa destilación de su inconfundible estilo, que fusionaba rock sureño, swamp boogie y rock puro, sin embargo se denotaba cierto distanciamiento con las anteriores obras del cuarteto, con cierto aire innovador, pero sin dejar atrás sus raíces, el álbum contenía de todo, desde versiones, hasta country, pasando por rock and roll, rockabilly, folk, etc, hasta el punto que curiosamente alcanzaría la undécima posición en las listas de álbumes de Soul.
Esquivando el rock psicodelico de muchos de sus coetáneos de San Francisco, la banda continuaba con su racha de exitos incontestables y en este se incluían tres de los grandes hits de la historia del grupo, "Lookin' Out My Back Door", "Travellin' Band" y "Up Around The Bend".
Sin embargo el álbum al completo era una completa selección de soberbios hits, como la bluesy Before You Accuse Me, la experimental Ramble Tamble, la enigmática y cadenciosa Run Through The Jungle o la eterna I Heard It Through The Gravepine.
Cosmos Factory fue un álbum sin altibajos, que llevó a Creedence a su punto más alto como banda, con una gigantesca gira mundial, un montón de canciones encabezando las listas de medio mundo y millones de hippies identificándose con estos tipos de aspecto rural convertidos en portavoces antibélicos de su generación...
Después todo esto les cobraría factura. La presión haría que la banda comenzara con problemas internos y ya nunca mas lograrían colocar una joya como esta, y después de esta cima, solo vendría la caída libre.


martes, 27 de octubre de 2015

Sex Pistols: Y llego el escándalo

A mediados de los 80, el último mártir objeto de culto (con rápida película incluida) seguía siendo Sid Vicious. Su muerte, el 2 de febrero de 1979, constituía el tributo más radical para los buscadores del horror y los acólitos de Santa Muerte.
Tenía veintiún años, así que... dejó un cadáver verdaderamente bien parecido.
Malcolm McLaren, que había sido manager de los New York Dolls, regentaba una tienda de ropa en King's Road, una de las calles de la moda en Londres, cuando conoció a Johnny Lydon y se sintió impresionado por su carisma, su imagen. Le convenció para que cantara y le presentó a tres músicos llamados Steve Jones, Glen Matlock y Paul Cook. Johnny Lydon pasó a ser Johnny Rotten (Johnny el podrido) y el conjunto Sex Pistols, en honor a su tienda, que ostentaba el rótulo de Sex.
A lo largo de 1976 y con el punk en plena expansión, los Pistols se convirtieron en el grupo
número 1, más desmadrado, provocativo y aquelárrico de todos. Era como si preferentemente se quisiera superar las leyendas negras y destructoras de los Rolling Stones y los Who. Con los lemas punk por delante: «No hay futuro», «A los veinte eres viejo y a los veinticinco mejor muérete», y los emblemas propios (cremalleras, ropa rota, letras de diversos tipos para formar palabras, hojas de afeitar, alfileres e imperdibles), una horda de nuevas bandas sacudió la escena inglesa, pero ninguna hizo más ruido que Sex Pistols. La industria pronto se dio cuenta de que el mejor slogan seguía siendo «si no puedes vencerles, únete a ellos», y rápidamente los primeros discos punks saltaron al ruedo comercial.
Inauditamente la EMI Odeón, la compañía que lanzó a los Beatles en los 60, pujó fuerte por los Sex Pistols y en octubre firmaron un contrato por cuarenta mil libras, la cifra más alta pagada en Inglaterra por unos desconocidos. El primer single, Anarquía en el Reino Unido, fue un relativo hit que no pasó del Top-30, pero la estancia del cuarteto en EMI fue efímera. A comienzos de 1977 el programa televisivo Today de Bill Grundy pidió a la compañía la presencia de Queen para una entrevista ante las cámaras, en directo, y un no-pensante de EMI dijo que no tenía a Queen a mano, pero sí a unos «chicos nuevos» que estaban promocionando y se llamaban Sex Pistols. Evidentemente Bill Grundy no tenía ni idea de lo que pasaba en la música, ni en las calles de Londres en aquellos días. Dijo que «de acuerdo» y así fue como los cuatro Pistols aterrizaron en la BBC.
Fue la entrevista más rápida... pero triunfal, de toda la historia de la radiocomunicación.
En el minuto y medio que tardó el realizador del programa en cortar la emisión, poner el
consabido letrero de «perdonen las molestias...» y echar al grupo de los estudios, los Sex dijeron la mayor cantidad de barbaridades, aderezadas con constantes tacos y expresiones obscenas, que puedan imaginarse. Miles de puritanas amas de casa y respetables caballeros quedaron estremecidos, con sus tazas de té caídas sobre la alfombra y la duda de si soñaban. ¿Realmente estaban en Inglaterra, en SU casa? La centralita de la BBC quedó colapsada, el escándalo servido... y al día siguiente ni un sólo periódico dejaba de citar el incidente con grandes titulares. La mejor publicidad gratuita jamás conseguida, y la demostración de que el punk estaba vivo. Nadie dejó de conocer su existencia desde ese día.
Al punk se le intentó frenar, desde luego, anatematizándolo. De la misma forma a los Sex Pistols  se les intentó cortar las alas inútilmente. La EMI Odeón canceló el contrato pagando más de cincuenta mil libras de indemnización y al día siguiente una docena de compañías ya estaban llamando al manager del grupo para ficharles. La que se llevó el gato al agua fue A&M, previo pago de... setenta y cinco mil libras más. Es decir: en unos meses el grupo había conseguido la bonita cifra de ciento sesenta y cinco mil libras habiendo grabado un solo single de escaso éxito.
Mejor, imposible.
La firma de contrato con A&M fue otro modelo de publicidad demencial. Se instaló un tenderete delante del Palacio de Buckingham, residencia de la reina, y con asistencia de los medios de comunicación se estamparon las correspondientes firmas. Esto venía a cuento del nuevo single de los Sex, God save the queen («Dios salve a la reina»), editado en marzo de ese 77... año en que la reina británica celebraba los veinticinco años de su ascensión al trono, el «jubileo». El paso del cuarteto por A&M todavía fue más fugaz que el anterior. A los pocos días varios artistas del sello, entre ellos Peter Frampton (guitarra de satén) y Rick Wakeman (teclados de oro), protestaban oficialmente y por escrito por tener a semejantes «artistas» compartiendo catálogo con ellos. Ante el miedo de perder a sus estrellas, A&M prefirió pagar... setenta y cinco mil de indemnización y quedarse sin Pistols. Los Sex llevaban ganadas doscientas treinta y cinco mil libras.
En este momento, Sid Vicious entró en la banda sustituyendo a Glen Matlock.
Su nombre verdadero era John Simón Ritchie y había nacido el 10 de mayo de 1957. Hijo de una militante y encendida hippie, tuvo una infancia llena de libertad y se metió de cabeza en la música en la adolescencia, pasando por algunos grupos de variado cariz, tocando la batería y cantando. Su última banda era Flowers of Romance. Ya en Sex Pistols, mientras Johnny Rotten era la imagen, Sid se convirtió en el motor ideológico. En el momento en que una tercera compañía, esta vez la definitiva Virgin, contrató al cuarteto y se acabaron los problemas editoriales, el grupo comenzó a funcionar a todo tren, aunque viéndose envuelto en constantes altercados, problemas, peleas y una implacable persecución policial. God save the queen fue censurado, pero vendió doscientos cincuenta mil copias y llegó al número 2 del ranking británico. El mismo día que Londres vivía la efemérides del «jubileo» real, los Sex daban un concierto a bordo de un barco en el Támesis. Tenían prohibido actuar «en tierra», así que lo hicieron «en el agua». La policía no se dejó engañar por el ardid y les detuvo. Hubo once detenidos además de ellos, una violenta pelea con los fans y un escándalo más que se añadió a los siguientes. Unos días después de esto un grupo neonazi acuchillaba a Rotten y le abría la cabeza de un botellazo, y antes del concierto «marino», en un club, al negarse el disc-Jockey a pinchar su disco, los Sex le dieron una paliza tal que le costó al muchacho catorce puntos de sutura. Nadie había más ni de forma más contundente que ellos en unos pocos meses.
En noviembre de 1977 el LP Never mind the bollocks, here's the Sex Pistols («Nos importa unos cojones, aquí están los Sex Pistols») puso la guinda definitiva a la historia. Nueva censura, prohibición de radiación y hasta de venta en numerosas tiendas (la policía fue punto de venta en punto de venta retirando los discos de los escaparates y colocando una etiqueta negra encima de la palabra «bollocks»), pero... un éxito abrumador. Virgin se hizo cargo de las multas impuestas a los vendedores que desafiaron el bloqueo legal. El LP fue número 2 en el ranking de álbumes.
Los Sex en cierta forma llegaron a estar cansados de su propia tensión ante la violencia que
despertaban. Prueba de ello es que en muchas actuaciones se cambiaban el nombre. Llegada la hora de dar el salto a Estados Unidos se embarcaron en una gran gira que sería al fin y al cabo la clave de su fin. En Inglaterra todavía tenían la etiqueta de proscritos, pero en América eran «estrellas», o al menos candidatos a serlo. Cuando se vieron viajando en primera, en lujosas limousines, y pisando alfombras de cinco centímetros en hoteles fastuosos, se dieron cuenta de aquello en lo que se habían convertido y en lo que de traición a la ideología punk ofrecían sus actos. La alternativa era clara: pasar de todo y continuar su historia como uno de tantos grupos poderosos, o actuar en consecuencia a lo que se suponía que defendían. Escogieron esto último y en plena gira americana  se separaron.
Entre 1979 y 1980 se editaron canciones inéditas, se estrenó la película documental The great rock'n' roll swindle («La gran estafa del rock and roll») y su aureola aumentó imparablemente. Para entonces Johnny Rotten ya había formado otro grupo, Public Image Ltd., y Sid Vicious cantaba en solitario, ofreciendo una imagen rebelde y violenta ante una audiencia que a través de él en exclusiva recogía todo el potencial punk y la estela de los Pistols. El vídeo de su canción My way (versión pagana del éxito de Sinatra compuesto por Paul Anka) fue prohibido por sus imágenes finales, en las que Sid sacaba una pistola y mataba a todos los espectadores que le aplaudían.
Sid tenía una «novia». Se llamaba Nancy Spungen y era hija de una prepotente familia de
Philadelphia, aunque él la conoció haciendo de go-go en un club. Vivieron una tórrida pasión, tan destructora como la alucinada carrera hacia ninguna parte protagonizada por él, y las cosas acabaron torciéndose cuando «la asquerosa» (apodo de Nancy) apareció muerta a cuchilladas en su habitación del famoso Chelsea Hotel de Londres. A las pocas horas Sid era detenido y acusado formalmente del asesinato de su novia. Era el mes de octubre de 1978. Las pruebas contra él fueron amontonándose de manera abrumadora: consumía heroína incesantemente, las orgías privadas con Nancy eran del dominio público, y las cumbres de sadomasoquismo para percibir sensaciones por encima de lo normal, porque las naturales ya pasaban por sus cuerpos como si éstos fuesen espíritus, la comidilla sensacionalista de los habitantes del Chelsea Hotel y de sus amigos. La única defensa que él pudo esgrimir fue que su novia ya estaba muerta cuando regresó al hotel después de haberle ido a buscar un frasco de metadona. Con esto quería decir también que los dos estaban tratando de esengancharse de la heroína, porque la metadona era uno de los remedios más comúnmente utilizados en procesos de rehabilitación. Nadie le creyó y le encerraron... pero Virgin Records, la compañía de discos, se avino a pagar la fianza y Sid salió con ella bajo el brazo a la espera del juicio.
Su vida no cambió. Ya no podía cambiar. Estaba demasiado metido en el rol y era el personaje central de su propio drama. La autodestrucción tuvo aún un penúltimo golpe de efecto. En diciembre se peleó con Todd Smith, hermano de la poeta y cantante Patti Smith, y volvió a pisar una cárcel por una noche. La cumbre y fanfarria que dejó caer el telón final llegó menos de dos meses después. Había rumores de que al ser detenido por la muerte de Nancy intentó suicidarse a causa del síndrome de abstinencia. Lo que pasó la noche del 1 al 2 de febrero de 1979... nunca quedó claro, como en tantas otras ocasiones, si fue un suicidio o un accidente. El veredicto fue «muerte accidental».
Esa noche Sid se pasó con la dosis. Al día siguiente le encontraron, en el mismo apartamento del Greenwich Village de Nueva York donde vivía desde su puesta en libertad. Sus únicos compañeros eran una bolsita llena de heroína y una hipodérmica vacía. Sin presunto culpable, el caso por el asesinato de Nancy Spungen ya no tuvo lugar.
En 1986 la película Sid y Nancy les inmortalizaba un poco más, ofreciendo una versión
turbiamente fílmica de una de las más sórdidas historias de la crónica negra del rock.
Un año después de la muerte de Sid, el 2 de febrero de 1980, mil fans caminaron en devota
procesión desde Sloane Square a Hyde Park, en Londres, conmemorando el primer aniversario de la caída del ídolo. Finalizada la marcha, Ann Beverly, madre de Sid, de cuarenta y ocho años de edad... fue hospitalizada a consecuencia de una sobredosis mal digerida y de la emoción del momento, puesto que ella había encabezado la comitiva.
Sólo fue una... apostilla «generacional» al tema.