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martes, 17 de marzo de 2009

Obras maestras: In a Silent Way de Miles Davis

Si kind of blue esta considerada una obra maestra del jazz & blues, In a silent way lo es del jazz-rock a la vez que fue el primer album de este genero.
Davis antes incluso de ser una estrella, pudo siempre grabar con los mejores intérpretes de momento. Primero porque los grandes lo elegían a él, y a partir de los 50, porque él era el grande que llamaba a los que consideraba los más destacados músicos de cada instrumento. Del mismo modo que de los diversos conjuntos de Louis Armstrong salieron algunos de los más importantes jazzmen, las formaciones que Miles Davis juntaba para sus sesiones en estudio pueden considerarse all-stars del jazz. Quizá el caso más recordado sea el de John Coltrane, que antes de revolucionar la música con su free-jazz estuvo algunos años grabando con el genial trompetista, pero el saxofonista no fue el único que iba a adquirir prestigio junto a Davis antes de empreder una brillante carrera discográfica como líder de su proprio conjunto.
En In a silent way, por ejemplo, figuran tres de los más grandes pianista (Chick Corea, Herbie Hancock y Joe Zawinul), el guitarrista por antonomasia de los 70 (John McLaughlin), un gran saxofonista (Wayne Shorter)… y así con los ocho músicos que acompañaron a Davis en la grabación de este álbum. Con un elenco tan impresionante como este, no es extraño que el resultado sea una obra tan brillante, innovadora y magistral como In a silent way.In a silent way probablemente sea el disco más colectivo del trompetista. No quiero decir que los demás no lo sean, porque en algunos de sus trabajos la autoría debe ser compartida con Gil Evans, y siempre ha contado con grandes intérpretes. No obstante, aquí es dónde más evidente y determinante es la aportación de todos los músicos que participaron en la grabación. Davis no es el único protagonista, la trompeta no destaca más que el resto de instrumentos, todos (salvo el batería y el contrabajista, aunque su contribución sea también excelente) tienen la oportunidad de lucirse con sus solos. En las dos largas piezas de In a silent way (en las que, de nuevo, como en Bitches brew, el trabajo de post-producción de Teo Macero fue muy importante, como si se tratase del noveno intérprete), asistismos a un diálogo sin palabras de los ocho músicos, vemos cómo Davis recoge una idea de Chick Corea, o como John McLaughlin actúa por oposición a Hancock, o Tony Williams marcar un ritmo constante durante un largo fragmento creando así un espacio libre en el que se mueve Zawinul. Y así, con todos estos juegos y otros muchos que contemplamos deslumbrados, estos ocho talentosos intérpretes crearon una música bella e innovadora, la continuación perfecta a Bitches brew, es decir, otro disco imprescindible para todo amante de la buena música.

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