Con su cuarto álbum en estudio, Kiss lograrían su máxima popularidad y un éxito a nivel mundial incuestionable, al mismo tiempo que su estilo se expandía hacia derroteros más ambiciosos y experimentales.
Producido por un experto en los controles de grabación como Bob Ezrin, un habitual en discos de Alice Cooper, Lou Reed, Pink Floyd o Peter Gabriel, le otorgaría al álbum diferentes efectos de sonido y unos puntuales arreglos orquestales, un hecho que enriquecen la paleta de colores del visceral heavy metal de la banda.
En esta nueva entrega aparecían algunas de las canciones más emblemáticas de la formación norteamericana como la tierna balada “Beth”, la apasionante “Detroit Rock City”, la espesa “God of Thunder” o las brillantes “Flaming Youth”, “Do You Love Me?”, "Rock and Roll Demons/Rock and Roll Party" y “Shout It Out Loud”.
Además de la producción del mencionado Bob Ezrin, también aparecía como guitarrista invitado Dick Wagner, quien por entonces pertenecía a la banda de Alice Cooper y que años después repetiría su colaboración con el grupo en el álbum “Revenge” de 1992.
Un onceavo puesto en el Billboard y dos discos de platino por sus ventas, avalan una de las mejores obras de Kiss y uno de los fundamentales discos del heavy metal y el hard rock de los setenta.